Cuando la memoria nos une

El lunes  comenzaron las jornadas
de la Memoria y la Reflexión
con una conferencia de una integrante
del grupo Madres de Plaza de Mayo,
Nair Amoedo y de Fabiana  Almeida
coordinadora del programa
de Derechos Humanos de Nación,
perteneciente a la Secretaría de Cultura
del gobierno nacional.

Organizadas por la Subsecretaría Municipal de Cultura, estas jornadas se orientan a “mantener la memoria y la reflexión” dijo Gustavo Santos, subsecretario del área señalando que lo programado se une con talleres de comunicación  que se realizan hoy lunes y mañana , luego sigue en el programa  la proyección de películas y posterior debate.

Santos señaló que “es la forma de conocer, recordar y afianzar la memoria para saber sobre un período que no queremos repetir y las madres son un orgullo de compromiso y de amor,  las generaciones más jóvenes deben conocer lo que  fue el terrorismo de Estado”.

Fabiana Almeida  presentó el programa Ellos nos quieren contar, que se sustenta en el taller de comunicación dirigido a jóvenes y en la exposición de pancartas que relatan la vida de los desaparecidos y son documentos históricos porque  formaron parte de las primeras rondas de madres y tuvieron presencia en momentos importantes de la historia.

Las pancartas fueron trasladas con su diseño original a lonas vinílicas para preservarlas y permitir esta muestra itinerante que en el caso de San Martín de los Andes se expone en el Museo Primeros Pobladores, ubicado en el Centro Cívico Luz María Sapag.

Fabiana señaló que en los talleres con adolescentes y jóvenes,  surgen temáticas actuales como es la trata de personas, la violencia y temas de los derechos humanos.

En el momento de su presentación Nair Amoedo relató la desaparición de su hija Patricia, y el nacimiento de Madres, recordando que surgió ante la falta continua de respuesta del Estado y a  los requerimientos de los familiares de desaparecidos.

Así se unieron cuando la respuesta de los distintos ministerios era “sus hijos deben estar paseando por Europa o los  ajusticiaron sus compañeros”

Con el objetivo de condenar el terrorismo de Estado y de no reproducir nunca más un período que se constituyó como uno de los más oscuros de la historia de nuestro país, las madres recorren el país despertando conciencias, que no siempre están alertas porque muchas veces desconocen lo acontecido,  esto lo expresó Nair Amoedo cuando expresó que  “depende del lugar que visitamos saben la historia, otros la desconocen total o parcialmente”.

La ronda de los jueves fue recordada en sus comienzos por Nair, cuando  destacó el símbolo del pañuelo blanco que eran los pañales de gasa que se usaban en aquellos tiempos. Pañales de sus hijos e hijas, esos mismos que desaparecieron y que nunca tuvieron en muchos casos, ni siquiera  el poder comprobar la muerte para poder cerrar un ciclo de sus vidas.

Primero fue encontrarse en la plaza,  luego el caminar porque por el estado de sitio no podía haber reuniones en la vía pública, entonces “ante el pedido de circular que nos hacía la policía, empezamos a dialogar caminando y así surgió la ronda de los jueves” recordó.

La desaparición de parte del grupo Madres, también fue destacado  cuando  fue   secuestrado en la iglesia Santa Cruz y posteriormente en cercanía de sus domicilios,   estaba integrado por Azucena Villaflor de Vicenti, Esther Ballestrino de Careaga, María Ponce de Bianco (las tres fundadoras de Madres de Plaza de Mayo), las monjas Alice Domon y Léonie Duquet, y siete activistas de derechos humanos. Todos se encontraban en la iglesia de Santa Cruz, lugar que visitaba  Alfredo Astiz perteneciente a la marina y que se infiltró con el nombre de Gustavo Niño, simulando ser  hermano de un desaparecido. Historias de traiciones que abundaban en medio del horror.

El episodio de la Iglesia Santa Cruz, una historia más de las innumerables traiciones vividas en aquellos tiempos, fue sucedido por el de Malvinas que hizo tambalear al gobierno militar para dar paso a la democracia que fue quien recobró el sentido de la vida con  la conformación de la Conadep y la posterior publicación del documento Nunca Más que permitió el juicio a los militares.

“No pudimos hacer el duelo porque nunca vimos a nuestros hijos muertos” dijo una vez más Nair Amoedo en una historia mil veces contada y que  sigue conmoviendo en cada palabra, en cada recuerdo.

Nair pudo encontrar a sus nietos, una niña de 46 días y un niño de dos años y medio, dejados abandonados después de haber arrebato de su lado a sus padres. Ella ha podido recuperarlos, tenerlos a su lado  como testimonio de su hija y su yerno.

Luego hubo idas y vueltas en cada gobierno democrático para reiniciar una nueva etapa y fue  en el actual,  que es quizás el que más fortaleció la justicia a los crímenes de lesa humanidad.

A  pesar de la triste historia, a pesar de no haberse reencontrado nunca más con el cuerpo de su hija, Nair Amoedo expresa “a pesar de todo la vida es una maravilla” y eso demuestra que en las madres no hay odio, sino un reclamo de justicia y por sobre todo de unirse para mantener la memoria para que el nunca más sea la frase,  que cada generación mantenga viva como testimonio de lo que nunca debe volver a ser en la Argentina.

Graciela Vazquez Moure
Dirección de Prensa, Ceremonial y Protocolo

Secretaría de Gobierno
Municipalidad de San Martín de los Andes
Fotos: Santiago Gaudio

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